Democracia moderna

Pedro Sánchez debería publicar su Manual de Resistencia actualizado, o un Manual de Resurrección, o quizá un Manual de Víctima del franquismo. Los medios deberían preparar la producción de una serie que revise la historia de España sabiendo que va a ocurrir lo que estamos viviendo. Porque el radicalismo dogmático, ultracatólico, xenófobo y patriótico no quedó enterrado con la Transición. Digamos que estaba viviendo una amnesia y sus altos generales estaban afiliados a un brazo radical de Alianza Popular, aka Partido desde que se pusieron de acuerdo entre tanto hooligan de las banderas con aguilucho.

El caso es que en 2023 España ha pegado un barrido a cuatro décadas de falso documental. Y nuestro Ken Sánchez ha demostrado muchos más valores que la belleza, demostrada, que hoy horroriza a la derecha y erotiza a la izquierda. Pedro Sánchez, el robot perfecto, el candidato infalible, como pronostiqué en 2019, ha salido por la tangente de lo que debe ser la corrección política, para arrasar con un discurso serio, inteligente y lleno de humor.

Es Sánchez el primer y único presidente del gobierno que se ha encanado de la risa en el Congreso de las Diputadas y Diputados. Justamente, cuando le recordaba al avergonzado contrincante (Feijoo) que manifestó públicamente una simpleza tal como «no soy presidente porque no quiero». Ofreció una risa contagiosa, alegre, empatizante, pornográfica, sonrojante para cualquier votante moderado del PP, enervante para la jauría de Vox.

Mientras se produce la votación de síes y noes que, previsiblemente, va a ganar Pedro Sánchez, la radicalidad visceral se vive las calles de Madrid. Me pregunto hacia dónde irá la democracia moderna. Porque, Amnistía tu tía; la derecha está rabiosa porque no puede gobernar. Es la clave para entender lo que va a pasar en los próximos cuatro años. Y aprovecho la vuelta al blog para anunciar que cualquier locura es posible, que nada está escrito, que la realidad a veces es pura mentira, y lo que parece increible casi siempre responde a una veracidad tormentosa, imposible de asumir. Feliz democracia.

Para la posteridad quedarán imágenes de los manifestantes de la derecha, como memes que ridiculizan a una clase de humanos, de un sesgo clasista sin causa. Ellos, ellas son altivos, tukus radicales, personas ignorantes, dogmáticos animalizados. Pobres animales sin bandera.