El agua en todas sus formas

Armie Hammer, referencia de estilo para este verano 2018.

Empieza el buen tiempo y nos lanzamos desde el trampolín a todas las piscinas posibles —incluso a las vacías–, por la desesperación de no podernos permitir las vacaciones que nos promociona Instagram. Las editoriales ya están preparando sus páginas de bañadores y pareos con los que sobrevivir a un verano cada vez más largo e intenso. La meteorología vuelve a poner de manifiesto nuestra pérdida de memoria. Tenemos ganas de un concierto al aire libre, con una copa de chardonnay en la mano, junto a la persuasiva brisa marina y poca ropa: un short muy ídem y una camisa planchada y abierta, todo muy Call Me By Your Name. Cuando llega el calor resurgen todos nuestros instintos hedonistas; los chicos se enamoran.

En esto, el agua tiene un papel fundamental. He tenido que ver dos veces La Forma del Agua (9/10) para entender que lo excepcional de esta cinta no está en las narraciones y descripciones visuales (unas maravillosas escenografías steampunk, por cierto) sino en la historia tan básica en la filmografía de Guillermo del Toro. La esencia es el erotismo complacido entre la feminidad, inteligente y sensible, pese a una disfunción (quien no tenga una disfunción que me asalte a gritos) frente a la figura de la bestia masculinizada. Como tantas bestias nos rodean a diario: los manaders que violan a chicas durante fiestas populares, los manaders que rompen cristales cuando su equipo de fútbol pierde un partido, los manaders que solo aspiran a ser respetados en la barra de un bar. Sin embargo, nuestra bestia aparente guarda más sensibilidad, más dolor, drama y belleza que cualquier otro ser de la narración. La incomprensión de la fealdad, de la deformidad, de lo monstruoso, o simplemente de lo raro nos lleva lógicamente a empatizar con la bestia y a entender el amor sin compasión; el respeto y la tolerancia que estoy celebrando últimamente con muchas películas afines.

Ilustración de James Dean para una adaptación literaria de ‘La Forma del Agua’.

La Forma del Agua me parece una adaptación contemporánea y pretenciosamente clásica de un mito literario como el de Frankenstein de Mary Shelley en la literatura británica, o la obra francesa Nuestra Señora de París de Víctor Hugo, o el mismísimo Josafat de Prudenci Bertrana en las letras catalanas. Relatos que dan origen a adaptaciones de todo tipo, como las producidas por Disney: La Bella y la Bestia (1991) y El Jorobado de Notre Dame (1996). En definitiva: el cuento de la mujer que se enamora de una bestia que demuestra tener muchísima belleza interior, mayor a la de aquellos hombres esbeltos que señalan con al diferente. Es un espacio-tiempo común sobre la lucha contra la intolerancia social, que suele resultar fatal y mortal para alguna de las partes.

El terror del hielo. En otra secuencia material del agua, entre icebergs, nos sumerge una serie basada en hechos reales (y en una novela de Dan Simmons), producida por el lúcido Ridley Scott y dirigida por David Kajganich, conocido por títulos como Una Historia Real (2015), donde vimos al convicto más sexy de la historia reciente del cine (James Franco). Ahora en The Terror (2018) llevamos varios capítulos sumergidos en una historia fantástica de buques británicos que en el año 1847 quedaron encallados en una zona del Ártico y no pudieron escapar; a 40 grados bajo cero y con amenazas que se adentran en lo descabellado y lo fantástico. Diez capítulos de infarto y de obsesión por escapar. Una de las mejores series que he visto en los últimos meses.the-terror

Pero, ¿cómo sería la vida si renunciásemos al agua de los demás? ¿qué pasaría si pretendiésemos fundar una comunidad autosuficiente en el entorno natural de Oregon, en los años 80, siguiendo las buenas fórmulas de vida de un místico personaje que promulga el amor libre, Bhagwan Shree Rajneesh? De eso trata el documental seriado que ya se está convirtiendo en fenómeno viral y pop: Wild Wild Country. Los hermanos Maclain y Chapman Way nos trasladan mediante relatos contemporáneos y registros audiovisuales de la época cómo surgió una comuna de seguidores de Bhagwan, un grupo de fanáticos que se organizaba bajo las directrices de su secretaria y única interlocutora del gurú, Sheela. Creo que el pasado es mucho más de lo que solo llega a algunos libros de historia; y Netflix acaba de hacer una ardua apuesta por recuperar hechos de un pasado que todos deberíamos haber conocido: las claves de la estrategia política, los porqués de las religiones, el posthumanismo, la posverdad y los principios antropológicos que llevan a la especie a su desaparición. Todo, la vida en toda su extensión, está en Wild Wild Country.

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