Las Bistecs, humanas de plata y oro

Las Bistecs han sacado a la luz esta semana uno de los discos más histéricos y perfectos de la historia del pop español. Discreto titular. Lo que ellas bautizaron como electro-disgusting para personas avanzadas, en el fondo es un retrato de una generación; o mejor dicho, la reivindicación de un segmento social muy antiage e intersexual que no se resigna a perder la frescura de anteriores etapas de la historia estética y pretenden propulsarnos al verdadero siglo XXI. Son parte de un grupo político y cultural muy progresista, que renuncia al consumo fácil, a lo aplaudido y jaleado por las masas. Levantan sables contra el laggard, el lumpen cultural dominante.

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Probablemente el disco Oferta de Las Bistecs es el que molestaría a la Iglesia, el que no promocionaría ninguna discográfica, si todavía se vendiesen discos, o el típico que descartaría un selector de talentos. Casi nadie lo buscará en webs de pirateo para libre descarga. Pero será muy vendido, muy escuchado y muy bailado en las fiestas más exclusivas. Para las nuevas élites, Las Bistecs ya son diosas de ese olimpo que ellas mismas construyeron hace años, entre griegos y romanos, asesinando lo correcto y lo elegante desde los mejores escenarios de la noche.

«Yo no soy elegante; la elegancia es narcolepsia» decía en uno de los últimos programas de Cámbiame la estilista alicantina Cristina Rodríguez. Ese es el espíritu que interesa y que plasmamos aquí con música de Las Bistecs, las mujeres catalanas que más están trabajando por recuperar la idea de una España unida y vanguardista, bajo las notas de himnos como HDA (Historia del Arte), Universio, Señoras Bien, o Caminante.

Me gustaría saber qué pensaría Antonio Machado después de escuchar la versión cantada de su Caminante no hay camino. «Caminante no hay camino sino tampax en el mar, caminante no hay camino sino autónomos que pagar». Esa ruptura con lo convencional y la belleza nos lleva a la estética de la feo, a ese new-ugly con el que coquetea el mundo del diseño desde hace mucho tiempo. El éxito se palpa en canciones como Cosas negras. «Móvil, cartera, tabaco y llaves», repetida hasta alcanzar una catarsis en la que se intercala Isabel Pantoja. Referencias que nunca falten.

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HDA (Historia del Arte) es otra de esas canciones que ya son el himno de una generación. Los que tomamos conciencia vital en los 90 y apenas nos enteramos de lo que se hizo en los 80 y en los 70. Es el pensamiento de los que nacimos despreocupados de conflictos y en plena libertad, pero encorsetados en patrones educativos arcaicos. Ahora buscamos el nuevo sentido de un mundo lleno de expertos que piden seriedad y pose; un mundo que da demasiada importancia a las repercusiones, al progreso y a la sensatez frente a la gratuidad, la procastinación y la locura. Valores en alza. Una borrachera de frivolidad con resaca, por favor. «Que si sombras que si luces, que colores, que si cruces, Monet, Seurat, qué pesao, qué pesao, Picasso: ¡Oh! ¡No! Otra vez tú». Y continúa con una reverberación infinita de «la maja desnuda, la maja vestida, la maja desnuda, la maja vestida». Dórica, jónica y corintia. Ya está. «No me quedan euros para ver algo tan feo: qué feo, qué feo». Arte que nace del arte.

El disco no se ciñe al purismo pop, sino que fusiona ritmos funk, hip-hop, e incluso la canción protesta. Galicia es un tema universal, que rompe con la monotonía, con los patriotismos y se burla de todo lo concreto. Como decían Los Punsetes, esta ciudad se merece un disgusto, y precisamente lo que mejor nos viene ahora, en pleno debate de investidura de Rajoy en la segunda legislatura del año 2016 y en vísperas de una tercera, es que Las Bistecs se suban al escenario con sus licras y sus bailes arrítmicos para hacer el play-back de las mejores canciones para exaltar la nueva cultura nacional.

Voy a escuchar el disco por tercera vez, que todo me sabe a poco.

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