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Libros / Abrazos

Libros / Abrazos

Recuerdo un proyecto de Guillermo MoraObras Completas (2016)— que proponía para la Editorial Caniche algo sencillo y, a la vez, difícil de explicar desde la cordura. Juntaba libros que, para él, tenían algo en común en un bloque objetual, inútil y artístico. Los pegaba con cola, los embadurnaba en pinturas y los convertía en una escultura compacta, y así los obligaba a quedarse juntos. No era un gesto de violencia, sino más bien lo contrario: abrazar como señal de afecto. Como si, al estar en contacto, con el paso del tiempo, esos libros fueran a seguir diciéndose cosas bonitas. Me gusta pensar en eso, que los objetos tienen vida y pensamientos, que se animan cuando desaparecemos (como los juguetes de Toy Story), y que sienten las cosas en silencio. Soy bastante animista.

Los tres libros que he leído este mes podrían estar en uno de esos bloques sin desentonar. Cada uno viene de un lugar distinto, pero los tres se acercan a algo parecido: la forma en que entendemos —o no entendemos— a los demás. En La muy catastrófica visita al zoo (2025), Joël Dicker se aparta del suspense que le hizo ser un best-seller, para mirar el mundo desde otro ángulo. Un grupo de alumnos de educación especial investiga un suceso extraño en un zoológico, y lo que importa no es tanto el misterio como la mirada que analiza, cuestiona y habla. ¿Cómo piensa alguien que no sigue las reglas habituales?, ¿qué cosas ve que nosotros pasamos por alto? La novela es ligera, divertida, pero deja una idea de fondo: que lo que llamamos normal quizá solo sea una costumbre. Nadie es normal, y la ingenuidad es la mejor lente para aprender de la vida: conocimientos y emociones.

En Las gratitudes (2021), Delphine de Vigan todo ocurre en voz baja: silencios y otro nivel de desconexión a través de la afasia de su protagonista. La historia avanza a través de conversaciones en un hospital, donde Michka va perdiendo poco a poco las palabras. Quiere dar las gracias a quien la ayudó en un momento decisivo de su vida, pero el lenguaje ya no le responde. En ese intento fallido aparece el verdadero motor del libro: su último deseo, encontrar al matrimonio que la acogió durante la ocupación alemana y la salvó de acabar en un campo de exterminio. Nunca pudo darles las gracias y ahora ese gesto pendiente se vuelve urgente. La novela, construida como un diálogo a dos voces y escrita con un estilo contenido, sencillo y tierno, habla de la memoria, del paso del tiempo, del envejecimiento y de la bondad. Pero, sobre todo, habla de eso tan simple y tan difícil: reconocer a quienes nos sostuvieron cuando no podíamos hacerlo solos. Y deja una sensación extraña de tener que demostrar agradecimiento —a tiempo— por lo que nos hace bien. Porque todo se acaba.

El tercer libro, El zoo humano (1970), de Desmond Morris, cambia el tono. Aquí no hay ficción, sino una mirada directa a las vidas modernas: la idea de que vivimos en ciudades que funcionan como zoológicos. Espacios que no están hechos a nuestra medida, donde seguimos comportándonos como los animales que somos, pero bajo reglas que no siempre entendemos. Morris se detiene también en la sexualidad y en cómo la vida urbana regula, oculta o desplaza conductas que en otros contextos serían más libres. En ese “zoo”, en nuestro orden establecido, se vigilan los cuerpos, los deseos, sus conductas, sus normas. Estaría bien que el autor hubiera reescrito esta obra clave del ensayo humanista en la era de la hiperconectividad que vivimos ahora; que hubiera nombrado Grindr o Tinder, que hubiera hablado de los vínculos en las vidas contemporáneas, porque quizá las ciudades hoy son más zoológicos que nunca.

Al poner estos tres libros juntos, como hacía Mora, algo se mueve entre ellos. El zoo de Dicker, visto desde una mirada distinta, se cruza con el de Morris, donde todos nos podemos sentir un poco fuera de lugar en este mundo, en el que tantas cosas se dan por sentadas. Y en medio, Las gratitudes introduce una lección íntima de bondad, ternura y valores: lo que queda cuando fallan las palabras o cuando no podemos comunicar las cosas importantes.

Quizá todo termina llevando al mismo lugar: a lo que no se dice. A las conversaciones que se quedan a medias y a los vínculos que aprenden a sostenerse en el aire. Por añadir una referencia más: la extraordinaria película Father Mother Sister Brother (2025), dirigida por Jim Jarmusch, es un drama sobre una familia desestructurada, con una ruptura agravada por el paso del tiempo y la ausencia de afectos. Padres fríos y alejados, hermanos con vidas perpendiculares, intentan conectar entre ellos sin éxito, en una familia que no han podido elegir. Una elipsis de ese gesto —el abrazo— que a veces significa tanto revela la falta de amor.

Los abrazos leídos y ausentes son a veces tan reparadores como los reales. Hay abrazos que ordenan el mundo, que nos extraen del caos. Y en ese sentido, hay libros que merecen abrazarse para siempre como un objeto que traspase épocas y generaciones, como una pieza de arte.