Like/Unlike portadas de discos 2014

La última creación musical de Leonard Cohen, con la que celebra su 80 cumpleaños, ha despertado mi vena clasificadora en este pangea donde nos gusta clasificar lo bueno y lo malo. La peor sorpresa para un disco que suena bien es tener una portada horrible. Es casi una provocación que sea horrible, y pide a gritos la desaparición del formato físico en favor de esa nube de contenidos que nos venden como futuro etéreo perfecto. Pronuncio “horroroso” con el tono de voz de María Barranco en Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. La portada del último disco de Cohen es horrorosa de llorar, a rabiar. Eso sí; el disco contiene letras preciosas.

Portadón horrorosa donde las haya.

Portadón horroroso donde los haya.

El autor de esta catarsis visual es Michael Petit (no sé si merecía ser mentado). Ya había diseñado alguna otra portada para el señor Cohen. Se ve que son amigos. Petit merece todos mis respetos. Seguramente será un entrañable octogenario que hará sus pinitos con el Paint de Microsoft Windows como en los 90. Envía a la discográfica sus atrevimientos con la valentía de un domador de dinosaurios. El caso es que las portadas de los discos de Cohen nunca se han correspondido con la gallardía de sus letras y la potencia de sus acordes, tan sensuales como sobrios. En este nuevo disco va hacia otros derroteros, como el country y el folk, pero sin perder la identidad.

Portadas discretas de otros discos de Mr. Leonard.

Portadas discretas de otros discos de Mr. Leonard.

Pero no quería centarme solamente en lo feo. Hay portadas monumentales, trabajos perfectos que a veces hacen superar las expectativas del álbum. Otras muchas, simplemente están a la altura. Es el caso de el novísimo disco de Perfume Genius, Too Bright. Una foto de estudio que casi parece un render: plástica, pop, reluciente y tecnológica para un disco con canciones infalibles. Brillo de verdad es el que lucen temas como “My body”.

Enfant terrible, Mike Hadreas, o lo que es lo mismo, Perfume Genius.

Enfant terrible, Mike Hadreas, o lo que es lo mismo, Perfume Genius.

Otro caso bastante reciente de portada bellísima es el del disco postveraniego de Mark Barrot. Parece un trabajo minucioso de pintura al óleo, tendente al tenebrismo naturalista, como los rasgos que han llevado al éxito a los Rubenimichi en las mejores galerías españolas. Pero no, desconozco al artista de esta maravilla que me retrotrae a los cromos de coleccionar especies animales. ¿La música? Un tecnochill extravagante, que a veces está bien y a veces parece la melodía de ambiente para un parque de atracciones inspirado en Indonesia. Pero la portada en este caso me obliga a valorarlo con respeto.

Mark Barrot se vende con pegatina que dice "Music of Ibiza", pero bien.

Mark Barrot se vende con pegatina que dice “Music of Ibiza”, pero bien.

Uno de mis grupos favoritos de rock de lo que llevamos de siglo es Spoon, aunque se formase en los noventa. Acordes clásicos de guitarra, golpetazo de bajo, platillos y todo lo tradicional del mundo rockero al servicio de una voz tremenda, la de Britt Daniel, que podría ser el Mick Jagger del futuro, si es que existe algún tipo de futuro sin los Rolling Stone. La paulatina evolución del grupo, que saca disco muy de cuando en cuando, es tan visible en sus melodías como en sus portadas. La de este They Want My Soul es cautivadora.

Spoon reluce como nuestro alma bajo el sol.

Spoon reluce como nuestro alma bajo el sol.

El mejor banquete musical que te puedes dar es escuchar de 1 a 9 las canciones del Impressions de Music Go Music. Fueron los autores de una de las portadas más bonitas del mundo en 2008, con su disco Expressions. Y ahora presentan otro disco muy fresco, apetecible desde el primer juego de ritmos de “Love is all i can ear”, una de mis canciones preferidas junto a “Inferno”, que ahora copa el primer puesto de mi playlist.

Music go music.

Music go music.

Otra mano, esta vez más dura y masculina, protagoniza la portada de otro disco que no dejo de escuchar este año. Es Built on Glass, de Chet Faker.  Un caballero australiano que canta con notas guturales y sostenidas. En poquísimo tiempo se ha ganado a todo el mundo, con un electro-soul que es difícil que deje indiferente, porque está muy bien compuesto y suena que refresca. La mejor canción: 1998. Una mezcla perfecta entre el estilo de dos grandes, James Blake y John Grant.

La mano de Chet Faker, icónica.

La mano de Chet Faker, icónica.

Y acabo con otra de las portas de lo que llevamos de 2014 que me han impactado, por su limpieza de diseño y capacidad de ser reconocidas de lejos. La convertiría en una impresión digital para mi salón. Es el nuevo disco de Basement Jaxx, Junto. El disco, además, no tiene desperdicio. Siempre pensé que el aburrimiento del house derivaría hacia cosas exactamente como la que hace este dúo británico de electrónica. Una especie de claraboya digital nos trae a la luz melodías con tantos y tan buenos ritmos como “Unicorn” o “Never say never”.

Lo nuevo de Basement Jaxx.

Lo nuevo de Basement Jaxx.