Héroes / Transgresión

David Bowie volverá a ser referente para nuevas generaciones queer

A raíz del décimo aniversario de la muerte de David Bowie este mes, me ha dado por recuperar. Qué importante es volver a releer, revisionar y escuchar contenidos que nos conectan, que nos retroalimentan y que constituyen esa educación optativa que elegimos: la que nos formó a ser como somos y no de otra manera. Así, he vuelto a escuchar de principio a fin algunos de sus discos. Blackstar me removió todo lo relativo al miedo a perder el tiempo, a lo efímero de los momentos, a que todo se acaba; Diamond Dogs ahora me parece visionario y distópico. También vi nuevos documentales, como Bowie: The Final Act, estrenado en Movistar+, que incluye declaraciones inéditas y una biografía comentada de un genio, estrella e icono que marcó varias generaciones de rebeldes.

Decían que Bowie no fue solo un músico, sino un ideólogo de la transgresión identitaria. Y tienen razón: transgredir no es algo que pueda hacer cualquiera; depende más de quién puede ser transgredido que de quién pretende hacerlo. La sociedad de los 60 y 70 necesitaba un Bowie para romper clichés y redefinir lo que significaba ser un artista y el valor de tener identidad propia. Camaleónico, provocador y arriesgado, se movía entre géneros, escenarios y personajes con completa libertad. Como él mismo decía: “I don’t know where I’m going from here, but I promise it won’t be boring”. En el último acto de su carrera experimentó algo nuevo: una resurrección cultural que conectó a nuevas generaciones con su obra. Y ahora —en pleno siglo XXI— parece que está volviendo a ocurrir.

Heroes, lanzada en 1977, ha experimentado un renacer inesperado gracias a Stranger Things, la serie de Netflix que, desde hace diez años, se ha convertido en un fenómeno global entre adolescentes. En el final de su última temporada, la canción es parte de la banda sonora y millones de jóvenes de la Generación Z la han escuchado por primera vez. Los datos son elocuentes: Heroes pasó de 94.000 reproducciones diarias a casi 500.000, y Purple Rain de Prince aumentó un 577% en solo una semana. La música de Bowie, Prince, Kate Bush, Fleetwood Mac o Abba, que hace décadas se escuchaba solo en vinilos y radios, hoy encuentra nuevos públicos gracias a plataformas y algoritmos que funcionan como catapultas.


Lo fascinante no es solo la recuperación de viejas canciones, sino cómo Bowie resuena con los valores de esta nueva generación: lo queer, la ambigüedad, el genderless. En un momento en que discursos de extrema derecha buscan restaurar un puritanismo estético y social, y la moda infantil parece sacada de los años 50, Bowie se convierte en referente: enseña a desafiar límites, a jugar con la identidad y a celebrar la diferencia. Como él decía, tenía la necesidad de ser algo más que un humano. La música y la cultura se transforman así en motores de resistencia estética y política (siempre de la mano): un recordatorio de que las canciones no solo son poesía, sino también posicionamiento, manifiesto indirecto de una forma de vivir.

La nostalgia permite recrearse en hallazgo. En el documental descubrí algo que no sabía: Bowie componía algunas letras de forma similar al juego surrealista del “cadáver exquisito”. Escribía estrofas, las recortaba y las reorganizaba, hasta borrar el significado literal de los sentimientos, pero conservando su esencia. Lo que se corta, se multiplica. Y aunque los testimonios de sus hijos, Zowie y Alexandria, ofrecen informaciones más íntimas, parte de su vida privada sigue siendo un misterio.

Este resurgir de Heroes también recuerda que la historia se repite: no es la primera vez que los medios rescatan música del pasado. En 1976, Cría Cuervos, de Carlos Saura, convirtió en éxito la canción ¿Por qué te vas? de Jeanette, estrenada varios años antes. Hoy, los descubrimientos musicales ya no suceden en tiendas de discos ni radios locales; se producen en series, películas y, sobre todo, en redes sociales, donde la escucha es inmediata, gratuita y viral. TikTok puede cambiar el devenir de un artista de un día para otro, y lo que no llega a esas plataformas pasa completamente desapercibido.

Ha ocurrido también con los covers recientes de Heroes en español. Hace un par de años, Fangoria lanzó una versión en castellano con bombo electrónico para sus conciertos, que nunca se editó; y la pasada semana Ana Curra, junto a Diego de La Plata, publicó otra versión más rockera, con acento en la introducción y la percusión. Probablemente no se volverán virales, pero mantienen vivo en los escenarios a un artista que dejó estela. Larga vida y prosperidad a quienes dejan un legado.

Que hoy jóvenes de todo el mundo escuchen Heroes por primera vez no es solo un dato anecdótico: es una señal de que la música trasciende generaciones, contextos y formatos. Bowie, incluso diez años después, sigue enseñando que el arte no solo refleja el mundo, sino que puede desafiarlo, reinventarlo y dar a nuevas generaciones herramientas para defender la diversidad ideológica, estética, sexual y creativa frente al gris aburrido, imperante y global.