Lo mejor es lo peor

En la imagen de arriba, una de las representaciones es una pintura del artista suizo conocido como el Raphael de los gatos, Gottfried Mind. La otra, es una recreación inventada mediante inteligencia artificial con la nueva opción generativa de Photoshop, que está revolucionando el mundo de los estudios fotográficos y de diseño. Resulta que la propia herramienta es capaz de decidir qué es lo que falta y lo que sobra en una imagen; está cualificada para imitar el estilo ya existente y recrea con total libertad una presencia. Es una idea tan esperanzadora como terrorífica.

Lo que hemos conseguido los humanos en el siglo XXI nos catapulta tanto hacia la excelencia como humanidad como hacia la autodestrucción. ¿Qué es mejor, lo pintado con esmero por un académico del pincel hace siglos, o la copia (cada versión más evolucionada y verosímil) de un robot virtual generada en cuestión de segundos? Una pregunta más loca todavía: ¿Cómo se diferenciará el original y la copia cuando pasen los siglos y la manipulación de la historia haga sus efectos?

Al respecto hay una exposición muy interesante en el MuVIM de Valencia. Falso: el arte del engaño o el engaño del arte viene a cuestionar un poco todo esto. Llegado el momento, cómo detectamos lo que es original y en qué posición queda lo falso, cuando la técnica es idéntica y dos autores han intentado reproducir la misma pose. La experiencia museística plantea en esta exposición un momento de participación aterrador: puedes meter en una urna un papelito y decidir cuál de todas las obras expuestas es un original (dicen que existe) y explicar el porqué.

La respuesta, sea cual fuera de las dos, es igual de estremecedora. Porque la pregunta está ahí. ¿Cuánto más va a poder evolucionar la inteligencia artificial en dos años? ¿Y en dos lustros? ¿Y en dos siglos? Quizá hemos vivido al avance más importante de la historia de la humanidad: conseguir el fruto de un trabajo sin realizarlo. Atrás quedan aquellos manifiestos obreros contra la robotización de los puestos de trabajo en las fábricas y las revueltas campesinas contra la llegada de la tecnología al tratamiento de cultivos y recolección en árboles frutales. Lo que viene es mucho más.

Y llegado a este punto deberíamos elegir cuál es el mejor trabajo. Pero, si la inteligencia artificial está preparada, como parece, para aprender; seguramente antes de que acabe de escribir estas líneas haya una versión mejor de aquello que parecía peor. Porque el gusto popular decide lo que es mejor y peor en cada caso. Y el gusto popular, todos sabemos que es completamente básico, fácil de identificar y presagiar. Para eso está el capitalismo, que a través de sus herramientas de marketing, se encargan de determinar los gustos universales.

Ya lo advertí hace unos años en este mismo blog. La Rosalía de 2019 (El Mal Querer) no gustaría al público musical de 2018 (Los Ángeles). Ahora, pasado el tiempo, Rosalía apasiona hasta a sector más mainstream, que al mismo tiempo está empezando a aburrirse de la Rosalía de 2023, que seguramente sea asumida en 2024. Y así todo.

Lo decía Fangoria en una canción que pasó inadvertida: Lo peor es lo mejor. Venía a decir: «nada que justificar, lo peor es lo mejor y lo mejor es lo peor».