La indiferencia de la araña

indif

Frívolo. Para algunos es un insulto, para mí es una cualidad positiva. Estoy harto de la gente que no soporta la frivolidad, pero arrea con la máxima superficialidad: contradecirse constantemente, hacer lo contrario de lo que dice, decir lo contrario de lo que piensa. La frivolidad es necesaria, es humana, es el aliento para sobrevivir a las portadas de periódico.

No tengo la necesidad de tener una opinión todo el rato sobre lo que acontece, ni de posicionarme dogmáticamente, ni defender mis principios ideológicos las 24 horas del día. Prefiero mostrarme como soy y predicar con el ejemplo a hacer como aquellos que critican el capitalismo y luego sólo compran en franquicias.

Prefiero ser coherente con lo que digo y lo que hago. No me gustaría condenar a los demás por las desgracias compartidas. Ser frívolo, de forma consciente e inteligente, es una forma más de ser feliz en este instante largo que pasamos sobre el planeta. Porque en lo que algunos llaman frívolo se esconde la esencia de la vida: el arte, la cultura, la sociedad, el consumo. Estamos aquí para comer, beber, reir y amar. Quien se pasa el día llorando, acabará comprándose una crema para las arrugas.