Oxímoron literario

Si de algo me sirvió la asignatura de Crítica Literaria en la carrera fue para poder aplicar los recursos poéticos a la plática política con la que a veces me toca trabajar, y que desde siempre me interesa. Ahora sé interpretar que bajo palabras bonitas siempre se oculta un contenido peligroso, negativo, engañoso y contradictorio. Las palabras más sinceras no necesitan adornos. El maestro del género de literatura política es el mismísimo presidente Rajoy.

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Empezó enzarzándose en el arte de la metáfora, cuando sólo cobraba dos sueldos, para hablar de hilillos de plastilina.  Para él era plastilina el chapapote negro, grasiento y aniquilador del ecosistema marino. Ahora nos sorprende con otras suculencias de la oratoria. Qué tal ese «todo es falso, excepto algunas cosas que han publicado los medios de comunicación».

Es una preciosidad de oxímoron para confundir y engatusar. El buen entendedor sabe que todo es contrario a un poco. Que si todo es mentira no puede haber medias verdades. El político mediocre habría dicho «prácticamente todo es falso» y habría saldado la deuda con un titular. Pero Rajoy demuestra algo de inteligencia en el uso y abuso de las oportunidades. Su oxímoron no sólo le reporta titulares, sino editoriales de prensa, reflexiones profundas, programas de humor y artículos en blogs absurdos como este.

La agresión al sentido común, el insulto a la inteligencia y la burla con lengua siempre vende más. En Sálvame diario, el programa de televisión que se comió a Gran Hermano, a La Hora de la Verdad,  Corazón, corazón y a todas las posibilidades de reality inventadas, lo saben bien. El pasado lunes, el conductor, Jorge Javier Vázquez, expulsó del programa a tres espectadoras que hacían peinetas al cámara. En silencio se aburrían, necesitaban increpar. Y una pillada les provocó uno de los momentos más violentos de colaboradores enfrentándose a un espectador.

Pero lo peor es enfrentarse a uno mismo. Eso es lo que estamos viendo día sí y día también en las filas del Partido Popular. Primero Cospedal, que ayer hacía uso de esa expresión autocomplaciente: «rectificar es de sabios». Luego vino el portavoz popular en el congreso, Alfonso Alonso (figura literaria cacofónica) que quiso desdecirse del rechazo a la iniciativa popular favorable a la dación en pago y al cabo de unas horas ya la quería hacer suya.

En definitiva, la literatura antes servía para hacernos comprender otra realidad alejada de la nuestra, y hoy la literatura nos impide conocer hasta nuestra propia realidad. Paradojas de la evolución de la comunicación humana.

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