El año de la serpiente

Pensábamos que ya estábamos saliendo del hoyo. La ministra Fátima Báñez había satisfecho con sus plegarias a la que lleva el rumbo de las cosas, la virgen del Rocío. Ana Mato había preparado la mejor fiesta de globos a cargo de los Gürtel. Bárcenas quiso desear un feliz año 2013 con sobres para todos. Y Belén Esteban había remontado el vuelo en su vida, engordando unos kilos y festeando con un futbolista del Real Madrid. Parecía que salíamos de esta. Pero no, el próximo domingo empieza el año chino de la serpiente y todo puede ir a peor.

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Dicen los chinos, que en habilidades para presagiar el futuro nos llevan siglos de ventaja, que los años de la serpiente suelen ser años clave, de cambios drásticos, dramáticos y desestabilizadores. Grandes acontecimientos como los atentados del World Trace Center, la caída del muro de Berlín o el final de la Guerra Fría sucedieron durante años de serpiente. A los chinos les debemos hacer un poquito más de caso, que en la mayor época de crisis mundial han sabido hacerse con más riqueza que nunca. Ya hay muchos más Zala que Zara en España. Y las cafeterías Moreno ahora se llaman Moleno Wei; es así.

Pero no, seguimos empecinados en brotar como manantiales de desiertos. Queremos poseer los nuevos cuernos de la abundancia. Pretendemos que la economía vuelva a crecer al tres por cien, cuando en otros países, en la mayoría, el crecimiento es nulo porque no tienen medios para producir nada. No voy a ponerme trágico, porque ya no quiero más dramas en mi vida. Pero creo que a los economistas emperrados en el crecimiento económico habría que ponerles un bozal y llevarles a Etiopía o a Senegal.

Vamos a crecer, a expandirnos, a trepar hacia arriba. Dos símbolos arquitectónicos son significativos. En este 2013 que estamos empezando se van a inaugurar por todo lo alto dos rascacielos esperados: la One World Trace Center (o torre de la Libertad) de Nueva York y The Shard en Londres. Ambas son estructuralmente similares, ambas quieren ser exponente del crecimiento de dos ciudades para las que la crisis no ha sido mucho más que una circunstancia para crecer. Qué ganas de volver a Londres, cruzar ese puente del milenio, probablemente la única obra digna de Santiago Calatrava, visitar el Tate Modern y luego cenar en alguno de los restaurantes de The Shard.

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The Shard, Londres. Inauguración en febrero de 2013.

Quiero revivir esa fantasía, porque aquí todo es ruina y hecatombe. Cuando no pasa una ráfaga de viento que tumba una de las esculturas de Juan Ripollés, vienen unos listillos a darse cuenta de lo que ya se veía venir desde hace tiempo, que el Palau de les Arts del ínclito Calatrava está cayéndose a trozos en menos que canta un gallo. Ripollés dice que ha hablado con la escultura y ésta dice que la deje como está. Calatrava dice la culpa es de la constructora por utilizar materiales baratos. El caso es que no hay dinero para diseñar el futuro, ni para mantener el presente, ni para reconstruir el pasado. Murámonos todos.

En definitiva, esperemos a que empiece la fiesta el próximo 10 de febrero, con un año serpiente que nos dejará muchas sorpresas o nos dará un ultimátum. Para mí, que soy gallo, el 2013 de la serpiente me traerá buenas noticias económicas y algunas tiranteces sentimentales. Alerta. Red lights, red lights.

La paz de Ripollés. Castellón.

La paz de Ripollés. Castellón.

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