Holy Motors: todos hacemos papel

El sábado teníamos mucho mono de cine y con varios estrenos pendientes. Quedamos con una amiga para cenar en nuestro McDonald’s favorito, el de Nuevo Centro. Hacía varias semanas que no lo hacíamos. Y eso que, con los planes de austeridad, hemos repetido mucho este plan. Seguimos debatiendo sobre qué vinagreta adictiva lleva el pepinillo del Bigmac, o qué especias conforman la salsa Deluxe. Son misterios que quizá nunca conocerá la humanidad.

De sobremesa definimos que la película de la noche sería Holy Motors, en versión original y en hora golfa, como más nos gusta. La sala pequeña de los cines Yelmo ofrecía el mejor panorama; sólo cinco espectadores, incluidos nosotros. Sin ruidos de palomitas, ni mascadoras de chicle maleducadas. Lo mejor del cine es disfrutar del espacio, no de la gente.

Fotograma del personaje más terrorífico de 'Holy Motors'.

Fotograma del personaje más terrorífico de ‘Holy Motors’.

Holy Motors hipnotiza por un tráiler espectacular, surrealista, sorprendente y altamente intrigante. Y la película no decepciona en ningún momento. La sinopsis más concisa sería algo así como la experiencia de un trabajador de una curiosa empresa, Holy Motors, que ofrece (o regala) identidades diferentes dando vida a personajes peculiares. Monsieur Óscar, Denis Lavant, interpreta en un sólo día a un disparatado loco, un científico experto en cinética, una mendiga de calle, un anciano agonizante, un padres mediocre  o un asesino a sueldo. Nueve roles a lo largo de un solo día, que se caracterizan y preparan desde el interior de una limusina conducida por la genial Edith Scob.

La limusina, precisamente, es un icono estético que le da más prestancia todavía a esta historia. Aparece como el entremés cómico entre una vida y otra, que en el fondo parecen no simular ninguna vida auténtica. Es todo muy fascinante, súper Nouvelle Vague. Sólo conecta con la realidad conforme te vas sumergiendo en la historia y te das cuenta de que hay gente que nos rodea que podrían ser meros personajes de estudio dramático con facciones de látex.

Fin de la jornada laboral en Holy Motors.

Fin de la jornada laboral en Holy Motors.

Desde principio a fin te deja pocos minutos para parpadear, por sus secuencias largas y cautivadoras cargadas de una pasión por el esteticismo fotográfico, como muy de cine contemporáneo oriental. Pero los dos momentos más provocadores que obligan a significarse ante la historia son las apariciones sorprendentes de la modelo Eva Mendes, en un papel completamente loco que te llevará un buen rato asimilar, y la popstar Kylie Minogue, que se retrata como otra trabajadora de vidas múltiples con un terrible destino.

Sería mucho decir a estas alturas que es la película del año 2012, porque siempre nos afecta más lo último que hemos visto. Pero esta obra es digna de estanterías de culto desde ya. No es nada caprichoso hacer un debate abierto sobre significados e interpretaciones de las tramas que desarrolla el director Leos Carax, nos vemos obligados a hacerlas. Sales del cine con muchas más preguntas que respuestas y con ansia de volverla a ver. Es lo que tiene la fantasía desmedida.