El laggard escucha a Pablo Alborán

El título es un robado de una declaración de Popy Blasco, mi maestro y mentor según algunos impertinentes que me acechan. El blog de Popy lo descubrí tarde, seguramente, cuando ya no se hacían las fiestas En Plan Travesti. En una conversación de amigas en un McDonald’s salió su nombre, porque algunos ya conocían su universo de cultivos transgresores. Ahora transgredir, aunque muchos no lo crean, es muy difícil; no vale la intención, hay que tener puntería, habilidad e inteligencia.

Continuamente me cuelgan la etiqueta de moderno, de indie o de gafapastas con cierta gratuidad; saben que ni me molesta, ni me enfado, pero tampoco me siento orgulloso de serlo. Sé, casi desde que empecé a elegir (bien temprano), que mis gustos eran diferentes a los de la mayoría. Y hasta cierta edad, cuando alguien me decía que le gustaba La Oreja de Van Gogh, The Corrs o Melendi, yo me guardaba mis juicios y mis risas con cierto escrúpulo. No me parece irrespetuoso, simplemente me llama la atención que a todo el mundo le pueda gustar lo mismo en el mismo momento. Al poco tiempo hice amigos con los que compartir esas maldades y mis preferencias. Y comencé a sentirme etiquetado, me hacían sentir diferente por decir en voz alta lo que pensaba, vestir como me gustaba y escuchar con absoluta devoción mis grupos desconocidos.

Al final, no te queda más remedio que identificarte como indie, independiente, ajeno a las imposiciones de la industria. Pero, ojo, eso no quiere decir dogmático o exclusivo. Lo curioso de todas las personas que hablan mi mismo idioma, a nivel de actitud y criterio, es que para llegar a decir que les gusta un grupo nuevo, desconocido y minoritario, han tenido que escuchar por imperativo social el mundo mainstream, aquello que llega a todos. Y de ahí eliges, por supuesto, y te quedas con algunas cosas que los más frívolos convierten en guilty pleasures, en vergüenzas de algunos intolerantes con los demás y consigo mismos.

La libertad hay que defenderla a capa y espada. ¿Por qué renunciar a escuchar música de Rihanna, El Canto del Loco o El Sueño de Morfeo si te gusta lo que hacen? Los conoce todo el mundo, sí. ¿Y qué? Hay que tener un poco más de miras y no verlo como algo vergonzante o provocador.

Dicho esto, que me ha quedado muy bien, ya puedo reprender contra los laggard. Los laggard serían los que consumen y encuentran placer sólo según los dictados de los fenómenos de comunicación de masas. Todo lo laggard se queda en el nivel más básico del conocimiento cultural, lo más accesible y comerciado. Lo laggard es el best-seller y poco más. La música de anuncios. La película taquillera. Todo producto mainstream o indie que con el tiempo se populariza en exceso se convierte en laggard. El postureo es laggard.

Según la definición del Urban Dictionary, el María Moliner de los hipsters, un laggard es ‘anyone who takes too long to do anything’. Es decir, a los que les llega todo el producto cultural cuando ya es tarde, cuando ya lo conoce toda la sociedad. Los laggard, como dice Popy, escuchan a Pablo Alborán, porque Alborán es un producto laggard en sí mismo. Es lo que logró ser Alejandro Sanz en versión clónica de los noventa. Es un producto repetido que triunfa porque la gente que lo escucha no escucha mucho más. Y ya se encargan las radios y las teles de promocionarlo según exige la discográfica. Discúlpenme los fans de Pablo Alborán y el propio ser, pero creo que la imagen que proyecta y su obra musical son carne de cañón para gente anclada en el romanticismo chic, hundidos en el desamor de Fran Perea y Álex Ubago.

Christina quiso ser ‘indie’, pero se quedó en ‘laggard’.

Y como era inevitable, he acabado contradiciéndome a mí mismo y juzgando un gusto que, por otra parte, me parece totalmente respetable y encaja en la mayoría de personas que me rodean cuando paseo por la calle. Pero la diferencia entre el ofensor y el ofendido es que yo hablo con conocimiento tanto de Pablo Alborán como de Gill Scott-Heron, que para otros es un dogma indie. Y los ofendidos sólo saben de la existencia del primero.

Una respuesta a “El laggard escucha a Pablo Alborán

  1. Per faaasaaaaaaaaaaaaavor!!!
    Vull que pensem en alguna idea junts
    i que m’escrigues un monoleg.
    No tipo “el club de la comedia”…
    sino millor i mes teatral.
    Yo vull contar en un escenari, estes
    coses que te pasen a tu pel cap i el COR.
    Molts besets guapo!!!

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