El limbo de mi casa es particular

Nos gusta Halloween. Ha caducado el debate sobre la españolidad de la fiesta. Como si fuésemos ahora proteccionistas con la procedencia de lo que ingerimos o lo que vestimos. Ahora toca disfrutar de la fiesta anual por antonomasia de los disfraces y del gore, con permiso del Carnaval, un evento que apenas me interesa más allá de los mastodontes de purpurina, bisuta y plumas que arrastran algunas chicas monas de las Islas Canarias.

Las costumbres americanas siempre serán más kitsch.

Quien me conoce sabe que tengo una facilidad congénita para confundir personas vivas con personas muertas. No hablo de otra dimensión, a lo Anne Germain, sino de falsos recuerdos sobre obituarios de celebrities nacionales. Por ejemplo, me sorprendió ver en el Pasapalabra de la semana pasada a Cristina Almeida. Pensaba, desde no sé qué momento, que nos había dejado. Sobre Constantino Romero tengo dudas similares cada vez que le veo anunciar colchones; nunca sé si está aquí o allí. Los mantengo en mi limbo personal. Hay casos más graves, como los de Monserrat Caballé, Gloria Estefan o la mismísima Xuxa. Suele pasarme con cantantes y actores archifamosos que el tiempo dejó en el olvido. Menos mal que el programa ¡Qué tiempo tan feliz! reordena a los vivos en su sitio.

Con esas, la moda creciente de disfrazarse de celebrities resucitadas en mi caso resultaría humorístico, porque cualquier año podría aparecer de yo qué sé… de Ana Torroja. Siento tener una desviación tan perversa, no lo he elegido yo.

Pero mi disfraz más repetido en noches de Halloween ha sido del personaje de la historia del cine de terror que más va con mi carita: Frankenstein. Del monstruo, claro, no del doctor. Sus rasgos geométricos y abruptos, sus ojos profundos, hombros anchos y ese atontamiento generalizado me facilitan interpretarlo.

Si este año tuviera que disfrazarme, lo haría de Mariló Montero, la nueva estrella del modelo de RTVE del Partido Popular. Una Mariló decrépita y asesina. Tras sus flamante editorial sobre el alma de los órganos de un homicida-suicida y pese a sus inestimables disculpas, la televisión pública ha decidido que despida los programas con su mejor sonrisa, en lugar de con provocaciones hilarantes. Ya tenemos bastante con las de la ministra Fátima Báñez.

Mariló resulta ser la exmujer de un draculín de los medios sobre el que, casualmente, también he tenido dudas de su fecha de defunción: Carlos Herrera. El periodista, que recuerdo presentando una cabecera de cine o música con Bibiana Fernández a finales de los ochenta, ahora es una de las patas cojas del organismo mediático del PP, que igual beneficia que perjudica. Una persona que ha tenido estómago para desayunar todos los días con la simpática de Mariló es capaz de todo.

Volvamos a Halloween y disfrutemos. Para los que no salgáis recomiendo un plan de sofá excitante, como por ejemplo ver Destino Final 3 comiendo palomitas dulces, de esas con manchas rojas. Anoche la emitieron en Cuatro y fue alucinante ver tanta sangre y muerte junta. Otra opción es apagar la tele y escuchar algo de música dark y post-punk elegante, en plan The Horrors. O tirando a melodías clásicas del terror cinematográfico: ¿qué tal Berlioz? Como última opción, para sumarse al ahorro energético, elegiría leer algo así como Otra vuelta de tuerca, de uno de los mejores del género, Henry James.

En cambio, quien se quiera aburrir de verdad, que se ponga la tercera temporada de The Walking Dead. La primera llamó la atención por su fidelidad con el cómic, sus personajes bien encajados, el buen tratamiento de los zombies y una fotografía destacable. La segunda se quedó en esa fotografía cuidada, pero los vanos en la historia y las conversaciones soporíferas traicionaron. Y la tercera es absolutamente inaguantable. Que les corten la cabeza.

3 Respuestas a “El limbo de mi casa es particular

  1. RECOMIENDO NO LEER ESTE COMENTARIO, SPOILERS! Oh no tío! TWD soporífera? Dejemos de lado que la serie no va a ser fiel al cómic, más que nada por qué el creador del mismo dijo que se arrepiente de haber hecho que el Gobernador le corte la mano a Rick y la serie no va a hacerlo al final, eso por un lado. Además, tardaron mucho en cargarse a Shane.
    La tercera temporada me parece trepidante, la cárcel da mucho juego, ese Rick violento y anarquista que no tiene nada que ver con el de la primera temporada, el abuelo sin una pierna que el propio Rick se la cortó, el niño creciendo más rápido de lo normal y madurando antes de tiempo (no me he leído los cómics, pero quien sabe si de los pocos supervivientes de la catástrofe) y el Gobernador, recolectando cabezas como si fuesen cuadros…
    A mi me parece mucho mejor que la segunda, pero es que la segunda temporada era más de transición que otra cosa…

  2. M’encanta!!!
    Ja no puc viure sense el teu blog!!!

    Besets bonico!!!

    Joanmi.

  3. Hahaha. Moltes gràcies Joanmi!!! Espere la teua visita a València que tenim un café llarg pendent! Besets!

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