Blondies estudiosas de la vida

Cada vez más a menudo me marcan los clásicos. Las filmotecas y cines de verano españoles han alineado órbitas para brindar homenajes al cincuentenario de la muerte de Marilyn Monroe, el icono femenino por excelencia. Y el gran descubrimiento ha sido Gentlemen Prefer Blondes; una trama divertida y ocurrente, para desenmascarar el mito de que las rubias son tontas y no saben lo que hacen. Lorelei Lee es como la auténtica Marilyn, demostrando que su extrema belleza, incuestionable antes y ahora, le sirvió como cuña para dejar abierta la posibilidad de demostrar lo que valía como actriz. Y la teoría de que el físico es lo más importante se muestra en esta película como algo pragmático y frívolo, sin más trasfondo que el reconocimiento social de la belleza perfecta, cautivadora. Esa rotundidad con la que todos admiramos las cosas y a las personas por lo bonitas que son. Sin tapujos ni prejuicios.

Fotograma de ‘Los caballeros las prefieren rubias’ (1953).

Ahora me quedan ganas para revisar mucha filmografía de la diva rubia e incluso de ver la película de 1928 en la que está inspirada esta otra.  Pero el verano infernal también está para disfrutar de la tontuna, dejándose llevar uno por lo que prima en cartelera y lo que las grandes productoras te dicen que tienes que ver. En algunos casos con muy buen resultado: me fascina Prometheus y el universo creado por Ridley Scott, con el magnífico papel colaborador y vehiculizador de David (Michael Fassbender), actor revelación de 2012 por excelencia, Oscars y pollas aparte. Fassbender borda un personaje completamente misterioso desde el minuto uno, una personalidad futurista y compleja, un robot con pocos rasgos de humanidad. Y su guiño al público hipster y entendidillo se mantiene con secuencias como aquella en la que David se echa producto en su melena rubia visionando unas imágenes del corte de Peter O’Toole en Lawrence de Arabia.

Fotograma de ‘Prometheus’ (2012).

De toda la película, la secuencia que más me llama la atención es una [atención, spolier] en la que la protagonista se tiene que extraer un feto alienígena de su vientre. La operación se lleva a cabo con una máquina que, como si se tratara de una lavadora, se programa con monitor para realizar la labor. Por desgracia, sólo está preparada para intervenir cuerpos masculinos. Esa es la nota machista y única licencia de americanada que aparece en la película. Pero la situación se soluciona con una extracción mediante cirugía abdominal que resulta completamente tensa e impactante. Y como era de prever, exitosa. Me rechifla.

Mientras tanto, los días de vacaciones se sobrellevan entre playas valencianas con un calor asfixiante y la misma masificación de siempre, pese a la crisis. Calpe, Moraira y Benidorm son mis destinos favoritos para cualquier mañana, tarde o noche del mes de agosto. El mar abierto, en calma total. Los rascacielos detrás, recordándonos los avances y la cercanía de la civilización. Y los McDonald’s de carretera donde poder alegrarte el rato a un precio módico. No se puede pedir más a este verano invencible. Y encima, tenemos buenas músicas que aportar a la lista de lo mejor del año.

Hoy, Los estudiosos, el último disco de Chico y Chica, que no tiene desperdicio. Aparte de la riqueza de ritmos electrónicos con los que decoran las letras divertidas que algunos ya conocíamos (gracias a Lourdes y Patxi), como Quiéreme doctor o La joven investigadora, el dúo más conocido de Bilbao aporta un nuevo episodio de su serial 4 en Alicante. Lo más.

‘Los estudiosos’, de Chico y Chica.