La prenavidad es para preparar listas

A estas alturas del año, diciembre, calendario de chocolate, ya toca ponerse con las listas anuales. 2011 no ha sido un año muy compacto; más bien una carpeta de separadores, un mar con varias corrientes, un abanico de muchos colores. Y que viva la metáfora española.

Quiero flamencos rosas para el árbol de navidad.

He perdido esa sana costumbre de ponerme a buscar novedades musicales como loco para ser el primero en escuchar a la futura banda líder de masas de los festivales. He dicho «hasta luego» al cine europeo (también por falta de referentes) y me he sumergido en los clásicos; películas que todos deberíamos haber visto para hablar del presente con conocimiento de causa. Por ejemplo, El Merodeador (The Prowler), Las ballenas de agosto, La mujer maldita (Boom) o Matar a un ruiseñor; todas ellas adelantadas a su tiempo en algún sentido. Las salidas con encanto las he reducido a términos patriotas; aunque fueran más que satisfactorias y fructíferas.

Así que, como cada vez soy más relativista y menos absoluto, voy a optar por hacer listas descontextualizadas de este 2011, incluyendo todo lo pasado que he tenido la oportunidad de descubrir ahora. Y como cada vez soy más integrado y menos apocalíptico, voy a empezar a dejar de llamar a las cosas por su nombre y les voy a regalar untaggeds. Que ya está bien eso de etiquetar estilos o decir si esto es um o am. Creo que es un debate anclado en 2007; ese pasado tan lejano.

En otro término de listas, fui con Vins a comprar las decoraciones navideñas. Es curioso cómo, con el tiempo, he convertido el sentimiento de navidad-nostalgia dramática que no me dejaba vivir en una ilusión contenida por ver que la gente sale a la calle a comprar. Ni solidaridad, ni paz, ni pollas en vinagre. La navidad todos sabemos que es consumismo puro y duro. O vives con él, o vives contra él.

El árbol de navidad fue la decisión más dura. Quería uno muy grande. Después de estudiarme el Telva especial Navidad, varios catálogos de decoración con las últimas novedades, y algunas webs de referencia, decidimos que el árbol tenía que ser negro. Modelo Black Elegance, se hace llamar. Carrefour, desde que es Carrefour Planet, ha se ha convertido en mi hipermercado favorito. Nunca más volveré a hacer la compra on-line, con el placer que da pasear por esos pasillos perfectamente iluminados. La sección de congelados te acoge con calor. La frutería es de gourmet, todo parece ecológico aunque sean sucedáneos. Neveras verticales, todo en su sitio. Los libros ganan espacio. La droguería ahora parece una cadena de perfumerías donde han abducido a las dependientas. Todo guay.

Comimos en uno de nuestros restaurantes favoritos de Valencia: Cuina al Quadrat, de un discípulo de Ferran Adrià: Sergio Mohedano. Hay que aprovechar a tope la programación de Valencia Cuina Oberta, que cada edición suma más restaurantes. Siempre es una alegría comer bien. Pastel de faisán: supremo.

Cartel de "Carnage".

Ahora, todas las ganas centradas en ver una de las películas que espero que ocupe muchos rankings de 2011, porque le he puesto muchas expectativas. Carnage, de Roman Polanski. El cartel, muy warholiano, es tremendo. La veré mañana, día del espectador, y seguro que me apetecerá dedicarle un post especial a lo último y más ambicioso de uno de mis directores favoritos.

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