Una prosperidad impertinente

Seguimos aburridos de escuchar que estamos en años de vacas flacas. Tanto, que casi no nos acordamos de cuando las vacas eran gordas. Se buscan metáforas para explicar la economía porque nadie entiende de activos tóxicos. Los expertos tampoco se preocupan mucho de razonar bien qué está pasando; dicen lo que les interesa, porque saben que escucharemos lo que nos convenga.

El FMI, los bancos, la UE, los analistas de Wall Street, se despiertan con lucidez, augurando a la décima cómo crecerá la economía, y cuántos años tardaremos en salir de esta. ¿A qué se dedicaba esta gente en 2008 que no han sido capaces de prevenir esta situación? Como Mario Conde, que ha escrito (?) un libro ahora. Cómpralo para salir de ésta. Si las cosas van a ir a peor, mejor que te lo cuente yo. Lo importante es que cuanto menos se haga mejor. Eso dicen. Recortar, dejar de hacer, rebajar costes y aniquilar proyectos son los motores de la nueva prosperidad.

En las grandes ciudades ahora parece que ha quedado todo por hacer. Que hemos perdido una década en sólo tres años. Que el progreso ya no serán las megaconstrucciones; y ahora sus proyectos permanecen en deformes maquetas de cartón pluma o cajas empolvadas. Se han dado cuenta de que esa era la versión más indecente del derroche, la excusa más pudorosa del gasto público. La alternativa es la rehabilitación de lo que ya teníamos, pero ya no queda dinero para eso.

Valencia, aunque sea una ciudad pequeña, puede que sea uno de los lugares donde más proyectos se hayan quedado en un viaje pagado y suspendido. Daños colaterales de la prosperidad impertinente. De arriba a abajo: torres helicoidales de Santiago Calatrava. Proyecto pagado (15 millones de euros) y suspendido indefinidamente por falta de financiación privada. Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, también de Calatrava. Se licitó el proyecto con una inversión de 45 millones; la ejecución ha ido sumando problemas hasta alcanzar los 90 millones, un 100% de sobrecoste. Lo peor: todavía está inacabado (le falta la cubierta), tiene goteras y sólo se le da uso durante 25 días al año. El Nou Mestalla, el estadio que algún día ocuparán el Valencia CF y Levante UD para liberar el terreno que dejaría el antiguo Mestalla. Paralizado indefinidamente por falta de financiación pública y privada. Y bajo, la Torre de la Música, del arquitecto Antón García Abril, uno de los proyectos arquitectónicos estrella: puso su primera piedra en 2008 y la segunda no se ha puesto todavía.

A esto se podría sumar un proyecto que personalmente me parece el más atractivo y que serviría para modernizar el IVAM (el actual museo del siglo XX de Valencia): la piel de aluminio diseñada por Sejima y Nishizawa para darle vida a la explanada del museo y modernizar su ampliación posterior. El proyecto está valorado en 50 millones de euros, pero no hay fechas para ver nacer la idea.

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