Polemizar el arte

Hace tiempo que las exposiciones de Valencia se quedaron congeladas en aspiraciones. No hay una programación cultural valiosa, porque no hay gestores culturales valiosos al frente de nuestra red museística. Salvo honrosas excepciones, el Muvim, el IVAM y la escueta oferta temporal del Museo de Bellas Artes parecen ser lo justo y necesario para cubrir expedientes: aprobando el examen con un cinco. Ya no hay expectación. El arte, el que abruma, está en Madrid, Bilbao o Barcelona y, si me apuráis, Cuenca.


Siempre ha habido interés por hablar del arte en clave polémica. De aquello que se entiende como polémico cuando aquel se posiciona. O cuando te posicionas tú. Es lo que le pasa a todos los directores de museos no formados en la materia. Su único criterio de elección es si les gusta o no, si les parece oportuno o no, si es irreverente con sus ideas, o si contenta a algún amigo (como ya expliqué en el caso de Consuelo Císcar, cuyo máximo logro al frente del IVAM ha sido convertir a su hijo en artista, RaBlaCi; sin contenido pero con continente). No hay una valoración global, ni preocupa el interés general de la obra. No conocen etapas, ni movimientos, ni estilos. Por poner un ejemplo, doña Mayrén Beneyto, flamante loro de la alta sociedad valenciana y concejala de Cultura de Valencia desde hace unos meses, hizo movimientos para posicionarse ante la lista que iba a proponer Rita Barberá. Antes de elecciones pensó que le convenía seguir en el grupo municipal y para lograrlo quiso montar una exposición que fuera muy mediática: la que más. Salir en la foto y listo. Le dijo a sus vasallos: “Quiero 50 fotos de la Albufera de Valencia para la semana que viene”. Y esa fue su labor como directora de la sala de exposiciones del Palau de la Música. Una comisaria descalabrada y explícitamente ignorante.

No comentaré el caso de Román de la Calle al frente de su labor justificada y honesta en el Muvim, porque aquello ya se hizo eco dentro y fuera de la paella valenciana.

Las únicas salas que permanecen indemnes a la acción de la política valenciana son las de la Universidad de Valencia, que La Nau acoge entre sus muros. Y son algunas de las mejores y más cuidadas exposiciones que se programan en la ciudad. Sencillas y austeras, pero con mucha capacidad de guiar al visitante en algo con sentido, nuevo y bien orientado. Me sorprendió una vez más el fin de semana pasado la exposición “Ucronías, autopsias y vendette. Jorge Ballester, memoria y prospectiva”. Descubrí la figura de un pintor del Equipo Realidad que siempre ha sido polémico, oportuno y crítico con lo que le envolvía. Alguien que bebió del arte de otros para hacer algo propio, personal y necesario. Su literatura de pincel, pegamento y photoshop.

Entre su fértil obra, que se inicia con collages de titulares de periódico, hay capítulos de color que asedian a las democracias del país, despiertan el interés y la ideología del espectador. Y también fascina por el uso de una nueva plástica, el renacimiento de los ismos fundidos en un conjunto, una revisión del arte total. Si estás en Valencia hasta diciembre, no puedes dejar de pegarle un vistazo y sentarte ante el documental sobre la técnica y filosofía de Ballester. Es una de esas pocas cosas que valen la pena hacer en Valencia.

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