Asimilaciones de ‘La Piel que Habito’

No quise adelantarme. Salí del cine excitado ante la que pensaba que sería para siempre una película de cabecera y referencia para todo. Almodóvar, si tiene algo incuestionable, es una capacidad asombrosa para hacerte creer que lo que estás viendo/viviendo no te va a volver a pasar nunca. Mira que habré visto veces Átame, o Mujeres al borde, pero nunca el impacto es tal como para eclipsar esa primera vez. Son películas que te desvirgan.


La Piel que Habito, que fui a ver obsesivamente el día del estreno en España, es una película mágica, absorbente, intrigante, abrumadora, sorpresiva. Hacía tiempo que no vivía eso de acabar el visionado, aguantar los títulos de crédito, girar la cabeza y ver que la sala permanece inerte. Cuchicheos, comentarios, cine forums clandestinos y caras llenas de ojos gigantes, de expectación. Un final siempre es mejor.

Escribir después de dos semanas permite jugar con la ventaja de haber leído mucho, haber escuchado mucho, y haber visto películas que se citan como referentes en la creatividad de Pedro Almodóvar. Los Ojos sin Rostro, obra maestra de Georges Franju (1960), es fundamental, excelente y completamente diferente, pero sí, seguramente ha marcado mucho la dirección de LPQH.

Bien, lo más tremendo que he leído ha sido decir que la película parece una broma, o que provoca risa sin querer. Mucho me temo que fue queriendo. Almodóvar ya tiene una curtida trayectoria en tragicomedias como para saber lo que hace reír y lo que no, lo que crea tensión y lo que destensa, lo que el público mayoritario va a entender y lo que van a entender dos gatos en cada sala. Todo está preparado, pero esta vez más si cabe. Me sorprendió de verdad ver, por ejemplo, que en el programa Miradas de La2 criticaban duramente que la película no fuese del todo entendible. Menuda payasada. Como si todo tuviera que ser caramelo masticable. Espero que no se atrevan a sentarse ante El árbol de la vida, o algo así.

Mi análisis. Es una película dura, contemporánea, sensata con la carrera de Almodóvar, de cine muy peculiar; obras de autor. Se adentra en un género nuevo, que barre muchos otros y los tritura. Un juego de terror y drama, con varios puntos de humor. Una historia increíble, que no ayuda a ser más verosímil con su interpretación o dirección, pero que tampoco lo pretende. El resultado sólo es el propósito final, a mi entender. Los errores (sic) se compensan con planos brutales. A veces importa más la piel que el esqueleto; como casi siempre en la vida.

Pero bueno, lo que es innegable es que Almodóvar ha creado un cosmos nuevo, un mundo en el que la promoción es tan importante como el producto. Y estoy deseando ir a Madrid para ver en la Flesh Gallery la exposición Ciencias Naturales de Juan Gatti. Un compendio de piezas en la misma sintonía que la estética naturalista y sofisticada de la última nueva obra maestra de Pedro.