Modas y vergüenzas geométricas

Acabó la VFW, Semana de la Moda de Valencia, en su XI edición. El Ágora de Santiago Calatrava se ha consolidado como espacio imperfecto para celebrar pasarelas, porque si en febrero provoca efecto invernadero y retiene el calor, en septiembre se ha convertido en un bollit [hervido] valenciano.


Un hervido de propuestas que, casi generalizando, se podrían tildar de amateur y encorsetadas a un canon de referencia siempre externo. Pero salieron reforzadas varias firmas originales como Juan Vidal (impepinable premio a la mejor colección), Georgina Vendrell, Paolo Copolella, Ion Fiz y Maudit. Casualmente o no, eran también las caras más jóvenes. Salvo Ion Fiz, todos podían contar sus pasos por la tarima con los dedos de la mano.

Es bien sabido que la VFW nace y pervive como proyección chauvinista del sentimiento politizado de que Valencia, por ser la tercera ciudad, también merece tener una pasarela (ahora fashion week) como Madrid o Barcelona. Pero el mérito es que se ha comido a la segunda y ahora mismo es un referente de todos los medios de comunicación nacionales. Y no sólo eso, sino que es el espacio para que catalanes (Georgina Vendrell) o vascos (Ion Fiz) expongan su creación.

De Valencia, los clásicos están de capa caída y los jóvenes despuntan. A Álex Vidal se le han apolillado los muestrarios, y lo más significativo y ejemplar es que en su front row permanece hierática una Rita Barberá que sería incapaz de ponerse encima cualquier otra etiqueta. Lo que dios manda es Álex Vidal (tanto hijo como padre); por eso son los que mojan. Y por otra parte, el joven Juan Vidal (nada que ver con otros vidales) es quien arrebata todos los protagonismos con colecciones cuidadas al límite; vestidos, blusas, zapatos y complementos hilados en unas inspiraciones muy ponibles en asfalto, pero con el toque de los detalles perfectos y visibles. Modernidad exquisita.

VERGÜENZA Y GEOMÉTRICA

Uno de los que mueven el cotarro de la VFW prácticamente desde su inicio es el profesor de la EASD Javier Calvo. Y lo que pasa siempre; cuando te arrimas mucho el jefe político se acaba convirtiendo en amigo. Calvo, que es de la vieja escuela valenciana, ya conoce muy bien los procedimientos. Su colega Consuelo Císcar le propuso dejarle una sala del ex-museo llamado IVAM. Y desde la semana pasada hay una exposición que tuve la intriga de visitar el domingo: Geometría y moda. Javier Calvo. Decenas de cuadros de gran formato fusilan editoriales fotográficos de moda y los distorsionan alegremente con efectos de pincel geometrizantes, pero poco geométricos, muy poco técnicos y muy poco serios. Lástima que Valencia tenga tan poco espacio museístico y lo tenga que desperdiciar con cosas así.

Para más gozo, el propio Calvo aparece en un diaporama introductorio dándole importancia a su obra con fotos domésticas, acompañado por su perro, creyéndose una estrella. Una estrella valenciana, claro. Y allí estaba el protagonista el domingo, con su amigo Tono Sanmartín, peluquero también de la vieja escuela, también amigo de la Císcar, y que hace poco tiempo también dispuso de ese ex-museo para exponer lo que le rotó. Por mucho que Valencia pretenda proyección internacional, la mierda no sale de casa.