Mil cervezas

Mi síndrome Mario Vaquerizo se acentúa con la edad. Hace diez años no podía probar la cerveza, no me gustaba. Luego empecé a tomarla porque era la opción más barata para refrescarse y nutrirse de alcohol al socializar, hasta que conseguí adaptar el paladar. Y ahora estoy hecho un experto. Todo derivó a partir de una tarde, en una playa, con un rollo de verano. Dos botellines de tercio, un paquete de gusanitos y el mar como hilo musical de una conversación. La cerveza me gustaba; sí.

Tampoco es que sea un experto, pero con el paso del tiempo he aprendido a degustar y definir las diferentes versiones de maceración de la cebada, su punto de amargor, sus sabores añadidos, el aroma del lúpulo, su textura, la esponjosidad de la espuma y la temperatura precisa. Me gustaría ser partícipe de una cata, porque por ahora sólo he tenido acceso a las del lineal de cualquier supermercado, pero es un mundo apasionante que, desde luego, por ahora me interesa más que el del vino.


Y mi top 5 de cervezas:

1 ♦ Alhambra Especial – Ideal para cualquier momento. Me encanta la nueva presentación en lata con protección higiénica en papel de aluminio.

2 ♦ San Miguel – Buena para los aperitivos, sabe perfecta cuando está muy muy fría. Apta para festivales como el Primavera Sound.

3 ♦ Heineken – Mi primera marca de referencia, desde que visité la fábrica-museo en Amsterdam. Como marca es con la que más me identifico.

4 ♦ Mahou – El clásico perfecto para bajar a la playa en botella de cristal. Mejor por la mañana que de noche.

5 ♦ Coronita – La cerveza menos cerveza, más clara, y más cara también. Pero se puede tomar en cualquier momento.

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