La prensa no está de moda

Estos días, con la Fashion Week acaparando la actividad cultural de Valencia, los medios impresos reabren esa sección mínima dedicada a la moda, que casi siempre cabalga entre la crónica social y la crítica de arte. Pero queda en evidencia la defensa de un periodismo especializado en este arte/artesanía, que quizá sea el más popular de todos; porque hasta quien dice ignorar las tendencias acaba poniéndose trapos de Zara de 4’99 euros que con toda seguridad están inspirados en un desfile mediático de años anteriores.

Los movimientos contra el consumismo detestan esta exhibición de firmas, pero compran igualmente ropa. Una pintura decora y se puede prescindir de ella. Pero la ropa viste, es imprescindible. Hoy, en una entrevista para El País, Juan Vidal, el mesías de la nueva generación de moda valenciana, asegura algo que es súper importante y muchas veces se olvida: “la moda sólo es moda y a mí me apasiona pero sólo es eso, ropa”. Suscribo las palabras al dedillo.

Por eso me fastidia ver que las noticias de moda se prestan a la anécdota fácil y acaban resueltas como una exposición de halagos hacia los jefes y organizadores de la pasarela, como si fueran los salvadores de la industria. Las notas de prensa institucionales hacen mucho daño. La organización justamente tiene el privilegio de elegir a dedo los talleres que fruncirán éxitos comerciales —o más bien de caché—, pero no asumen la culpa del fracaso. Hubo ediciones que fueron como para echar la persiana y dedicarse a otra cosa, ahora la cosa es más seria. O lo parece.

Ayer la foto de las dos cabeceras valencianas de referencia era un desfile de un diseñador sin nombre en el que se capta el momento de pose de una modelo con un escote tan espléndido que llegaban a emerger sus pezones. Esto hace muy poco por educar a los (cada vez menos) lectores de prensa en una cultura de la moda tan necesaria como la cultura de la gastronomía o de la política.

Cuando estos medios intentan utilizar el argot de la pasarela, es mucho peor. Fuera tecnicismos, el cliché (y el must) es mentar el front row, como si fuera lo más importante del desfile. El acting ni se menciona. Las ropas se definen con los términos que utilizó el propio autor al presentar el proyecto. La gente no entiende nada; sólo dejan intuir que se trata de un mundo inaccesible y fundamentado en la tontería suprema. Cuando en realidad estamos hablando de cosas importantes: la moda, la ropa con la que vestimos, es el fiel reflejo de la personalidad individual y colectiva.