Quiero flamencos rosas

♦ Aquella persona va vestida por la calle por pura necesidad. Aquellos otros se dejan llevar por lo que dictan los bajos precios de las franquicias, a veces sin ser conscientes de nada. Y siempre es una minoría la gente que viste con gusto propio; de hecho hay gente que sólo se pone encima las cosas que le parecen bonitas. Puede parecer absurdo el comentario, pero la sociedad nos incita a la imitación. No nos paramos a pensar en si nos gusta vestir de una manera o de otra, en si preferimos leer una cosa u otra, en qué queremos comer. El best-seller se vende más desde que en su cubierta pone “best-seller”. Está demostrado. Porque pensamos que lo que hace la mayoría es mejor. Error. Comer vegetariano, vestir gótico, teñirse el pelo, comprar ropa exclusiva, escuchar música indie o tatuarse el brazo son decisiones autónomas del individuo y reflejan una personalidad marcada.

♦ “La buena vida es cara. La hay más barata pero no es vida.” Es una frase tonta que venden en azulejos de souvenir. Pero la diferencia no está en el dinero, sino en otras cosas. Con mucho dinero se puede vivir muy mal, se puede tener muy poco criterio y mucha ansia de proyección. Llevas una camiseta de Pedro del Hierro, ¿qué me quieres contar? Con poco dinero bien administrado, conocimientos y educación, todo el mundo puede permitirse vivir como un rey, comer en sitios bonitos y vestir como a cada uno le guste, dentro de unos límites, claro. El lujo no es un reloj de 25.000 euros; el lujo es un reloj bonito. Y las cosas bonitas a veces se pueden construir con dos palabras, ensuciando cuatro folios o colocando las cosas de la naturaleza en otro orden convencional.

Pan

♦ Elegir el pan que quieres comer es una maravilla. Viene el camarero y te trae la bandeja con varios tipos; pan integral, pan blanco, pan rústico, pan de aceitunas, pan de centeno. En la variedad para elegir está la libertad para ser un individuo original frente a la masa homogénea. Y —aunque muchos lo nieguen o duden— a todos nos encanta ser individuales. Lo más bonito de todo es que alguna vez puedes coincidir con alguien en el mismo gusto y de entre toda una lista de cosas elijas la misma para ese momento y seguramente en otro momento habrías coincidido también. Ese momento crea un microcosmos, un tú-y-yo que van por el mismo lado de la calzada cogidos de la mano paseando y en silencio. Muchas veces está todo dicho.

Una respuesta a “Quiero flamencos rosas

  1. Los mejores momentos están en las cosas pequeñas.. hay que aprender a darse cuenta de ellos para disfrutarlos intensamente!

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