👨🏻‍🚀 Periodista desde otra dimensión

Olores

Nueva York olió a humedad de alcantarilla, sudor negro y asfalto reciente. Bruselas siempre huele a chocolate y flores. Bilbao ha olido a agua de río, lavanda y lluvia. La primera vez que fui a París la ciudad olía a chucherías, peluches sin dueño y gasolina. Esta semana olía a algo muy diferente; quizá a esmalte de uñas, ratatouille y madera vieja. El olfato seguramente sea el sentido más maduro. Lo conocemos de siempre, pero sólo lo educamos con el paso del tiempo y las experiencias. Muy pocas veces sabemos describir los olores pero sabemos reconocerlos con precisión. El olor determinado que se percibe al llegar a una estación de tren puede hacerte visualizar por centésimas de segundo aquella fotografía de un beso instantáneo y efímero. A saber qué estaba oliendo el fotógrafo Robert Doisneau cuando tomó hace 60 años aquella imagen tan perfecta de la pasión, que ha dado mil vueltas al mundo. Cada uno sabemos a qué huele un momento así. Tenemos la libertad para imaginar que ese momento olía a rosas, tabaco y lana. E incluso podemos imaginar que de fondo se escucha algo de Édith Piaf o la nueva monotonía de Nouvelle Vague, va, por qué no. Pero el momento de verdad nos queda lejos…

Después de pasar unos días por la ciudad de los aromas caros, me entran tantas ganas de renovar el mío propio que mañana mismo me iré a buscar un olor que defina perfectamente la nueva temporada que empieza en unos pocos días. Hace muchos años la vuelta al cole significaba estrenar chándal, estuche y botas de agua. Ahora empezaremos una nueva etapa marcando también la novedad. Pero con olores bonitos y diferentes.